Ayer Marta, la señora que me hace la limpieza en la habitación del hotel, estuvo me platicando de una compañera de trabajo que tuvo complicaciones renales por falta de cuidados y que estaba internada en el hospital hace una semana. Platicamos sobre todas las cosas que pasan a las personas con quien convivimos que de alguna manera pueden afectar o transformar nuestras vidas. Comentamos sobre el error de su amiga en no atenderse cuando el dolor a un lado del costado le gritaba. Y que por nada en esa vida ella debería de descuidarse.
Hoy me encontré a Marta en el corredor de las habitaciones donde hacia limpieza de otra de ellas. Con los ojos llorosos me comentó que su compañera se había muerto. Sin pensar en nada, me la abracé y ella empezó a llorar. Me sensibiliza mucho ver a alguien llorar, hasta tengo que esconder la emoción para no llorar junto. Le dice cosas que ahora no me recuerdo bien y ella dijo sentirse mejor. Me agradeció y me fue.
Hoy también, en un taxi que me llevaba al aeropuerto me pasó algo parecido. Para empezar, me cayó muy bien el taxista. No era nada parecido a los panameños fodongos que me hacen piropos de los más deselegantes y feos que ya he escuchado. Nadie me quitará lo platicadora que soy y no sé ni como ni porqué, el taxista me sacó un cuaderno donde escribe sus canciones. A penas empecé a leer su primera canción y me di cuenta por lo que habíamos platicado antes de que el todavía sigue muy enamorado por su ex-novia. Le pregunté que había pasado y porque temía tanto al casamiento. Me dijo que había encontrado a su novia con otro en la cama. Otra vez, sin pensar mucho, le dice que el viera la cosa por el lado bueno, que todavía no estaba casado cuando eso pasó y el tuvo la oportunidad de conocer mejor todavía a su novia. Sigo leyendo sus canciones y siento todo el dolor de las líneas tristemente escritas. No consigo dejar de opinar y le digo que el debería de perdonar a la muchacha y seguir con su vida sin que ella lo perturbe más. Que era necesario que el diera espacio a las nuevas oportunidades que la vida le pueda brindar. Ese fue otro que me agradeció mucho por las palabras y me dijo que necesitaba oírlas.
Me gusta poder ayudar a las personas con la palabra, pero a veces me asusta que eso pase muy seguido. Mañana será otro dia y probablemente tendré más sobre qué escribir por aquí!

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