Un cambio de actitud, aparentemente individualista, puede hacer del planeta un mejor lugar o no – y a penas traer más aislamiento y menor interacción entre las personas?
Cierta vez escribí sobre el “yo colectivo” y todavía yo era una adolescente. No me nació escribir sobre eso, me pidieron para que yo lo escribiera. No sabía de que se trataba y busqué inspiración en los libros de psicología y psicoanálisis. Busqué y encontré no solamente el yo colectivo como también el inconsciente colectivo, el inconsciente social, el amor incondicional...
Mucho me sirvió leer esos artículos y confeso que todavía no sé diferenciar Lacan de Freud, pero alguna cosa de aquel día debe haber quedado en mi subconsciente para que me fascine escribir y contestar a esta pregunta de mi paisano, Paulo Coelho.
Si dejáramos caer nuestras máscaras sociales, seríamos más verdaderos. Cada yo verdadero haría de nosotros una sociedad libre de amarras. Una sociedad íntegra y completa, interesada en realizar sueños colectivos.
Cuando conocemos nuestras limitaciones, queremos ser mejores de lo que ya somos. Y para ser mejores de lo que somos, necesitamos aprender. Y cuando aprendemos, crecemos. Y es solamente cuando crecemos cuando enseñamos lo que aprendemos. Cuando enseñamos lo que aprendemos tomamos conocimiento de que necesitamos aprender más. Y necesitamos comenzar de nuevo. Y empezamos un nuevo ciclo de aprendizaje.
La vida está hecha de ciclos y cada ciclo está hecho de enseñanzas. Y si no aprendimos, estañamos. Y se estañamos, dejamos de conocer y superar nuestras limitaciones. Si no nos conocimos lo suficiente, no nos permitimos conocer al otro. No abrimos espacio para el otro. No interactuamos con el otro. No conocimos al otro. Si no conocimos al otro no tenemos a quién enseñar y una vez que no tengamos a quien enseñar, no aprenderemos. Y si no aprendimos, cualquier conocimiento adquirido si pierde en el tiempo. Si no conocimos nuestras verdades nunca conoceremos las verdades del otro.
Somos mejores personas cuando somos conocedores de nuestras verdades y necesidades individuales. Cuando nos conocimos estamos más preparados para entender al otro. Y si comprendimos al otro, comenzamos una relación. Una relación verdadera, libre de máscaras, permite que seamos nosotros mismos para nosotros mismos y para el otro. Cuando somos nosotros mismos, el otro se siente más a gusto para conocernos mejor. Y cuando conocemos mejor, animase a conocer mejor al otro, otro y otro. Esa integración entre varios otros forma otros varios en una creciente y infinita progresión geométrica.
Pero si no existiera un “yo” capaz de empezar ese ciclo del auto conocimiento, un “nosotros” jamás existiría. Lo mismo pasa con los sueños. Si un hombre no sueña, una sociedad nunca se permitirá realizar sus sueños. Todo depende de un yo para que un nosotros pueda desarrollarse!

La abejita no tuvo oportunidad de aprender
