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Tras semanas de divulgaciones y venta de invitaciones, muchos brasileños se reunieron ayer por la noche en una disco aquí de Panamá. Fiesta brasileña llena de panameños. Para animar a gente que a penas iba llegando hasta las 22h3o, se escuchaba e veía en las pantallas un grupo de samba muy conocido en Brasil, Fundo de Quintal, y también Djavan y algunos sambas enredo de escuelas de Samba de Brasil. Los shows de capoera, circo y musica brasileña fueron anunciados con anticipación y no fuera Babito, el cantante brasileño, nadie hubiera salido de ahí satisfecho. Aunque necesito hacer un paréntesis aquí para decir que en la banda de Babito había también una panameña, pero esta fue salvada de las críticas de todos porque tiene una voz envidiable de bonita y canta en portugués muy bien. Pero el panameño no se puede disfrazar…
En el show del circo, algo raro pasó. Llamaron a un malabarista de antorchas de fuego y luego después de haberlas lanzado para el alto unas dos o tres veces, alguien vino arrancárselas de la mano. Todos nos quedamos sin saber lo que pasó, pero creo que hubo una falla por parte de los organizadores de la fiesta cuando no avisaron que harían malabarismo con fuego adelante del palco.
Eso no fue nada. Después de que Babito anunció al maestro capoerista que vino ¨derecho de Salvador en Bahia¨ para jugar capoera para que todos vieran, lo que vimos fue un negro que tocaba su berimbau (instrumento musical que entona las canciones de la capoera) sin micrófono. Luego aparecieron tres capoeristas para jugar, todos con caras de panameños. No tengo nada contra que sean panameños, pero es que difícilmente un extranjero brincará capoera como un brasileño. Y no solo eran panameños como también jugaban muy mal. Para salvar, ¨mestre Marcelo¨, el negrote entro para jugar con el otro brasileño que también bailó frevo – más una danza brasileña tan conocida como la samba - más tarde con las muchachas. Entonces fue cuando todos aplaudiran. Fue bonito mismo de verse. En el final pediran a los panameños que volvieran para màs um juego en la pista, pero el más grande parecía tan cansado que mal podrá respirar.
Todavía anunciaran un baile de mulatas…también panameñas.
Thiago, un japa amigo nuestro, se divertía: ¨Son panameñas, no tienen pecho ni ancas como las brasileñas. Y también no tenían la samba en los pies como las brasileñas. Hasta Joao, marido de Andréa, otra pareja de amigos nuestros, dijo que yo bailé mejor que ellas cuando estábamos bailando en la pista todos juntos. Antes del final programado para la media noche, las muchachas regresaron a la pista con adornos en las cabezas, biquinis y tacones y, después de bailaren un poco más, empezaron a llamar a los hombres para bailar con ellas en el salón. Yo señalé a Raul para que fuera bailar con una de ellas, quería sacarle fotos, pero el me mordió el hombro, o sea dijo que no querría ir. Entonces la muchacha jaló a Thiago en cuanto yo, Joao y Andrea lo incentivábamos a que fuera. Thiago volvió con una sonrisa de oreja a oreja y aun así decía: ¨son mismo panameñas, hablé con ellas.¨
No podríamos esperar más que eso, pero fue muy bueno salir de la rutina y enseñar que todavía tengo la samba en los pies.
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